Identidades diluidas… Y ahora, ¿de dónde soy?

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HELIA DEL ROSARIO 
Mis padres emigraron de Canarias a Venezuela a mediados de los cincuenta, como tantas otras personas que en esa época provenían no solo de España, sino también de Portugal e Italia, y a quienes,  cariñosamente, se agrupaba bajo la palabra musiú; es una expresión coloquial de la palabra francesa monsieur (caballero) para señalar a todo aquel que era extranjero/a. Posteriormente, hacia los setenta y ochenta, llegarían "los del cono sur": argentinos, chilenos y uruguayos, y los "vecinos": colombianos y ecuatorianos, entre otros.

De esa migración que escapaba de las condiciones de la posguerra, de la falta de libertades cívicas y políticas o de fuertes restricciones económicas y laborales, han surgido generaciones que crecieron compartiendo la morriña de sus progenitores al mismo tiempo que valoraban la propia idiosincrasia; que disfrutaba con la misma intensidad el futbol que el beisbol, una arepa que una fabada, tanto un tinto como un mate...
Eran épocas de bonanza petrolera y nos era fácil sentirnos personas receptivas, integradoras y acogedoras. La migración solo se percibía desde la mirada de receptor. Tal era el orgullo de los venezolanos de ser un país de acogida, que la emigración estaba asociaba para muchas personas de mi entorno con el  exilio político en épocas de dictadura. No nos percibíamos como posibles migrantes... Sigue leyendo

This entry was posted on 5 de septiembre de 2014 and is filed under ,. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0. You can leave a response.

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